
El vehículo es un habitáculo demasiado pequeño para que alguno de sus integrantes no huela bien.
Suelo tener pocos alumnos o alumnas que se prodiguen en el arte de la "no limpieza". En los tiempos que corren no es habitual encontrar gente que no le dedique 15 minutos diarios a su higiene corporal.
Sí es verdad que he tenido alumnos o alumnas que daban las clases después de trabajar y no les daba tiempo a pegarse un fregaillo. Eso se entiende y se soporta.
Pero en una ocasión, tuve un alumno que, al parecer, repelía el agua, el jabón, la colonia y el desodorante. Al principio, yo no era consciente de su problema porque me cogió en mitad de un resfriado.
Al pasar los días, me fui curando de mis problemas olfativos y me fui dando cuenta de que allí olía a quemado.
Es una situación incomoda y difícil, pero había que afrontar al toro por los cuernos sin necesidad de ofender a nadie.
Empecé poniendo un ambientador al coche, que sacaba justo cuando el empezaba la clase, pero no conseguí nada.
Opté por dar las clases con las ventanillas bajadas (era invierno y ya os podéis imaginar el frio que hacia). Esta técnica la mantuve hasta que los mocos se me pusieron como calipos de lima-limón. Y nada.
Otro día, al entrar en el coche le pregunté si había pisado una mierda porque el coche olía mal. Se miró los pies y no encontró nada. Al parecer pilló la indirecta, pero me costó varios días.
Si esto me ocurre otra vez... el primer día le pregunto si ha pisado una mierda.
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